Un arcoíris para dominarlos a todos

“Un arcoíris para dominarlos a todos. Un arco iris para encontrarlos, un arco iris para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas donde se extienden las sombras”.

Hace unos meses todas las ventanas se llenaron de arcoíris. Ventanas y pantallas llenas de arcoíris, que apoyaban cada uno de sus lados en una nube blanca y mullida. Cada uno de los arcoíris salía de una nube y caía sobre otra. Ventana, tras ventana, tras ventana. ¿Qué os voy a contar? No creo que sea algo que se os haya pasado por alto. Quizás hasta alguno de vosotros ha colgado su arcoíris en el balcón y, en ese caso, seguro que también has compartido ese momento con tus seguidores de Instagram, tus amigos de Facebook y en el grupo de Whatsapp de tu familia.

Es fácil que te hayas decidido a aportar tu granito de arena en la lucha contra el COVID-19.

Si tienes niños en casa es fácil que te hayas animado a llenar la calle de color y alegría, de ilusión y esperanza. Es fácil que te hayas decidido a aportar tu granito de arena en la lucha contra el COVID-19, y no hayas podido resistirte a pintar y colgar tu radiante arcoíris cabalgando sobre dos algodonosas nubes, o si no, a entrar en amazon.com y comprar tu Bandera de lona Todo va a salir bien Arcoíris por solo 10,99, y así, de manera fácil y cómoda poder colgar tu radiante arcoíris cabalgando sobre dos algodonosas nubes.

El arcoíris se ha utilizado siempre como símbolo de paz y armonía, en este caso es símbolo de esperanza frente a la pandemia. En principio parece que la proliferación de este motivo en las ventanas y balcones fue una acción espontánea que comenzó en Italia (primer país europeo en tomar medidas estrictas ante la amenaza del virus) y que se fue extendiendo a otros territorios para transmitir solidaridad y alegría desde las casas a las calles. Esta acción global de lucha contra el COVID-19 fue difundida a través de las redes sociales; y por medios de comunicación, instituciones e incluso empresas que animaban a participar.

Arcoíris que atraviesan fronteras más rápido que el virus.

Curiosamente también en Italia en 1961, para la Marcha de la Paz de Perugia-Asis, el Movimiento No Violento tomó el arcoíris como emblema y creó la Bandera de la Paz (1), con siete franjas de colores (violeta, azul, azul claro, verde, amarillo, naranja y rojo) y la palabra PACE (paz en italiano) en letra blancas. En 2002 la bandera volvió a aparecer y llegó a ocupar más de un millón de balcones italianos gracias a la campaña contra la guerra de Irak: Pace da tutti i balconi, acción que fue imitada en otros países. Ahora en 2020, Italia vuelve a colgar arcoíris en sus balcones, pero esta vez, de la forma más literal y naif posible. Arcoíris DIY que atraviesan fronteras más rápido que el virus y ocupan balcones y ventanas de todo el mundo.

¿Se debía a una homogeneización espontánea de todos los niños del mundo?

Asusta ver como todos los niños pintan lo mismo, con los mismos colores y la misma forma: un arcoíris que sale de una nube y entra a otra. Se que estoy muy insistente con lo de que el arcoíris está sobre dos nubes, pero es que la gran mayoría de ellos estaban representados de esta manera, no sobre la ladera de una montaña, no apareciendo desde un extremo del papel y desapareciendo por el otro, ni apoyados sobre el margen inferior de la hoja, ni por supuesto flotando en medio de la cartulina, sin ninguna nube que los soporte. Todos los arcoíris eran prácticamente iguales. Durante el mes que se colgaron los carteles, leí numerosos artículos en los que se hablaba de ello, y el mensaje generalizado era que los niños estaban llenando de arcoíris las ventanas: “arcoíris de esperanza entre los niños ante el COVID-19” o “esa costumbre tan extendida durante estas últimas semanas entre los niños de pintar arcoíris con mensajes positivos y colocarlos en balcones y ventanas.” ¿Acaso esto se debía a una homogeneización espontánea de todos los niños del mundo? A mí me sonaba más bien a ese control adulto que dice: “el mar se pinta de azul, el árbol de verde” y “no dibujes la línea con pelitos”.

Y casi me olvido del mensaje que se repetía en todas las pancartas alrededor del dibujo: #todosaldrábien. ¿Homogeneización en los dibujos y también homogeneización en la emoción? Algo me decía que esto tampoco podía ser cosa de los niños. No dudo de su capacidad de sentir esperanza o de darnos lecciones de empatía, pero esta gran acción global tenía un tufillo a adulto.

Subir un post y olvidarse de la lucha hasta la próxima batalla.

¿Pero que es realmente esta gran acción de pseudoactivismo pasivo? Solidaridad colectiva o una moda que se sigue para sentir que formas parte de algo, que haces lo correcto y que eres un buen ciudadano concienciado. No tengo ninguna duda de que se trata de lo segundo, nos encanta participar en cadenas multitudinarias, pero, sobre todo, nos encanta ser vistos, ser protagonistas y recibir la aceptación del resto del grupo. Y si para eso tenemos que compartir la foto de un monumento en llamas, lo hacemos; y si tenemos que lanzarnos un cubo de agua helada, lo hacemos; y si tenemos que compartir la foto del último músico famoso muerto, que no conocíamos hasta ahora, lo hacemos; y si tenemos que hacer que los niños participen de esto, pues lo hacemos; al fin y al cabo, todo es por una buena causa. Es verdad que hace un mes también estuvimos haciendo toques con un rollo de papel higiénico, pero acaso nosotros, activistas-post (2) ¿no nos merecemos un poco de diversión?

Yo me he quedado con las ganas de saber cómo pintaría, de verdad, un niño la esperanza. Mejor aún, me he quedado con ganas de saber si todos sentían esperanza o también, como cualquier otro ser humano, sentían alegría, tristeza, miedo, aburrimiento, nervios, amor o rabia.

(1) Existen otras banderas arcoíris como la bandera de la Libertad o LGTBIQ, la bandera de Cusco y la bandera Whipala, entre otras.

(2) Subir un post y olvidarse de la lucha hasta la próxima batalla.

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