Imagínate borrachos a los arquitectos más famosos de los dos mil.

Capítulo pormishuevista XXIII

Frank Gehry, Santiago Calatrava, Rafael Moneo, Zaha Hadid y Norman Foster tirados por el suelo, ciegos, brindando por sus nuevos clientes favoritos: las bodegas españolas.

Quédate con la imagen del brindis y súmale un dato. España lidera la exportación mundial de vino. Risas, aplausos, Zaha bailando encima de la mesa, Santi liándose un porro con forma de puente, Norman bebiendo de una copa vacía, Frank haciendo papiroflexia con las servilletas y Rafa balbuceando #noséqué sobre la tradición arquitectónica mudéjar… Un cuadro.

Según el Observatorio Español de los Mercados del Vino el año pasado se exportaron 22,8 millones de hectolitros por valor de 2.280 millones de euros, pero que no te engañen los números. Si haces las cuentas sale a 1,25€ la botella. Vender vino a precio de tetrabrick es una buena estrategia para obtener cifras elevadas. No hay nada más pormishuevista que los gráficos que suben.

No hay nada más pormishuevista que los gráficos que suben.

El sector vinícola no solo presume de números, también de patrimonio. Aunque parezca mentira el amor entre el mundo del vino y la arquitectura espectacular no es algo nuevo. La mezcla entre tradición y vanguardia es con lo que llevan años etiquetando las botellas españolas. ¿Te has fijado en que la mayoría de empresas vinícolas utilizan su edificio como logotipo? Las bodegas son grandes instituciones, símbolos pomposos de arraigo cultural. Te invito a que pases un par de minutos mirado etiquetas en el pasillo de vinos de Mercadona. No tiene desperdicio.

Este idílico romance entre vino y arquitectura empezó hace más de ciento cincuenta años en Andalucía, concretamente en Jerez de la Frontera donde se encargó la construcción de una gran bodega de estructura de hierro, planta circular, cúpula y ni una sola columna. ¡Qué maravilla, qué revolución!

Las bodegas son grandes instituciones, símbolos pomposos de arraigo cultural.

Bodega Real la Concha (1868-1872) es hoy en día la bodega más visitada de Europa y hasta hace dos años era atribuida al ingeniero que construyó la torre más famosa de Francia: Gustave Eiffel. Pero en realidad es obra del desconocido británico Joseph Coogan. Tal vez no te suene Byass, el nombre de la empresa que la gestiona, pero sin duda conoces su vino estrella: El Tío Pepe. Supongo que a Pepe no le interesó demasiado desmentir la historia. El mito le sienta muy bien al vino.

Lo que Gustave Eiffel sí diseñó fue la cubierta de una nave para la CVNE (Compañía Vinícola del Norte de España) en La Rioja en 1879. En el mundo del vino, ese año es importante porque llegó (también de Francia) una plaga. La Filoxera es un puto insecto que en menos de diez años arrasó casi todos los viñedos españoles. Fue un drama total, una catástrofe vinícola.

Te cuento esta movida porque desestabilizó por completo la economía del campo, haciendo que viñedos históricos desaparecieran y que algunas dinastías del vino se arruinaran. Una vez superada la plaga, algunos agricultores y pequeños propietarios montaron cooperativas, un sistema de organización que en tres décadas les haría muchimillonarios.

Sitúate: Este punto y aparte en la historia del vino queda inmortalizado con la construcción de nuevas bodegas en España. Estamos a principios del Siglo XX en Catalunya y eso quiere decir: arcos, bóvedas, elementos cerámicos, ladrillos y (por primera vez en este país) hormigón armado.

¡Viva el hormigón armado!

Bodega Raïmat

El Modernisme es el arte del engaño y la apariencia. Funcionó muy bien en Catalunya porque logra impresionar gastándose poco, utilizando materiales humildes en caprichos ornamentales de lujo. Algunos ejemplos son: Bodega Cooperativa de l’Espluga de Francolí (Lluís y Pere Domenech, 1913), Pinell de Brai y Gandesa (César Martinet, 1918 y 1919).

De entre todas yo me quedo con Bodega Raïmat (Lleida, 1918), la primera edificación de hormigón armado en España. Manuel Raventós (empresario, político y revolucionario del cava) le encargó a Juan Rubió (discípulo de Antoni Gaudí) la construcción de una ciudad vinícola en medio del desierto leridano. Tres mil árboles, una enorme bodega, no sé cuántas casas para trabajadores y una iglesia. ¡Viva el hormigón armado! ¡Un brindis por el progreso!

«Auténticas catedrales del vino»

Ángel Guimerá.

La democracia pedía a gritos un cambio de imagen.

Hacia los ochenta las bodegas empezaron a darse cuenta de algo. Si hasta entonces su valor simbólico había consistido en una evocación tradicional con toques de vanguardia, la democracia pedía a gritos un cambio de imagen para la mayor rentabilización de sus instalaciones. Fue así como la arquitectura del vino evolucionó de ‘catedral’ a ‘parque temático’. ¡Dios bendiga el enoturismo!

Los estudios más top de la época empezaron a recibir encargos y botellas de vino. El concept era llamar la atención de turistas que, animados por la idea de pasar un fin de semana piripis, quisieran también disfrutar de una experiencia de vanguardia arquitectónica. Visitas guiadas, cata de vinos, noches de hotel, spa, masajes y gastronomía fusión. El finde perfecto para Gentrificación García y Especulación González. https://www.instagram.com/p/B7VlZGYKRv7/

En Raïmat lo tenían claro. Si ellos habían introducido el hormigón armado en España también debían ser los primeros en apostar por la arquitectura del espectáculo. El arquitecto Domingo Triay fue el responsable de erigir un templo de inspiración egipcia en el corazón de las colinas de la finca. Se hizo un agujero, se construyó una pirámide invertida y se cubrió de nuevo con la colina en 1988, uno de los ejemplos más breves de land art en España.

¡Dios bendiga el enoturismo!

Ante tal panorama las bodegas abrazaron primero el minimalismo. La integración con el paisaje, horizontalidad y funcionalismo eran los hashtags de moda durante los noventa. Son buenos ejemplos de esta época la ampliación de las Bodegas Irache (Navarra) y Bodega Enate (Huesca), siendo ambas de 1991.

Con la llegada de los fantásticos dosmiles, el sector vinícola vivió un auténtico fiestón. La borrachera económica que experimentó España durante la primera década del nuevo milenio no fue nada en comparación con el ciego que llevaba la propia industria del vino. Tanta era la excitación del sector que decidió cambiar de paradigma estético. Para mi esta decisión divide la historia de la arquitectura bodeguera nacional en dos partes y solo puede explicarse de una manera. Estaban borrachos.

El ilustrísimo, celebradísimo, leidísimo y pesadísimo Rafael Moneo ha firmado hasta la fecha cuatro bodeguitas. De las cuatro, solo una es pormishuevista. Las otras tres son un monéico aburrimiento.

Las aburridas son: Bodegas Señorío Arínzano, construida entre 1991 y 2002 en Navarra. Costó 12 millones de euros y fue inaugurada por Juan Carlos y Sofía, ya sabes, los Reyes eméritos. La segunda fue Bodega Descendientes de J. Palacios, construida entre 2013 y 2017 en León. Costó 6,2 millones de euros y tiene capacidad para 600.000 botellas al año. La tercera fue la ampliación de Bodegas Ribas, realizada entre 2016 y 2019 en Mallorca.

Tanta era la excitación del sector que decidió cambiar de paradigma estético.

La que mola más es La Mejorada, propiedad del mismísimo Rafa, construida como proyecto de rehabilitación de un monasterio jerónimo del Siglo XV. Nada, un castillito que tiene el Pritzker en Valladolid. Resulta que este histórico conjunto fue testigo de un momento espléndido de Castilla cuando los Reyes Católicos decidieron las líneas de división del Atlántico allí con Cristóbal Colón, famoso por dar nombre a las Torres Colón y por el mal llamado ‘descubrimiento’ de América.

Pues bien, la capilla mudéjar de este monasterio es una joyita del patrimonio arquitectónico, incluída como bien de interés cultural desde 1931. Rafa compró el monasterio con la excusita de rehabilitarla en el año 2000 y aún está por terminar. Con esto no te estoy diciendo que a parte de pesado, también sea lento. Rafa lo hace todo fetén y hacer las cosas fetén necesita de un ritmo reposado.

Calatrava es sinónimo de calidad y punto.

Quién demostró no saber nada de ritmos reposados es nuestro gran amigo Santiago Calatrava. Bodegas Ysios le pidió a este mesías del Pormishuevismo la construcción de un hito monumental en Álava y Santi no pudo resistirse. En 2001 se inauguró la primera (y única) bodega en la carrera del valenciano, una joyita con humedades cuyas láminas metálicas de la cubierta han ido desprendiéndose por el viento más fácilmente que las propias uvas de los viñedos circundantes. Ysios le puso una demanda a Santi en 2013 pidiéndole 2 millones de euros por los desperfectos. Supongo que llegaron a un acuerdo privado porque hasta la fecha no se ha vuelto a saber absolutamente nada del asunto. Si un día te presentas en esta bodega podrás comprobar que continúan fardando de arquitecto estrella. Calatrava es sinónimo de calidad y punto.

Bodegas Ysios. Foto: @preferiria.periferia

Literalmente en el pueblo de al lado, encontramos la Bodega de Marqués del Riscal, el Guggenheim del enoturismo. Cuenta la leyenda que cuando los herederos del Marqués le pidieron a Frank O. Gehry que les diseñase la nueva bodega, este se negó argumentando que no tenía ni idea de hacer bodegas, que lo de las humedades era una puta liada y que pasaba mazo del asunto. Los herederos, desesperados, abrieron para el arquitecto una botella de 1929 (año de su nacimiento) y emborrachándolo a piropos, consiguieron convencerle. Seguro que cuando al arquitecto se le bajó el pedo se arrepintió un poco, porque finalmente en 2006 no se acabó inaugurando una bodega en cuestión, sino una especie de caparazón que envuelve una bodega preexistente, agregándole un nuevo hotelito rural de titanio en tonalidades doradas, plateadas y granates. La bodega ni la tocó.

Bodega Marqués de Riscal

Quien tampoco tocó la bodega, pero cobró como si hubiese diseñado siete, fue la arquitecta anglo-iraní más estilosa de los dosmiles. La estupendísima Zaha Hadid (que Nuestra Señora del Pormishuevismo la tenga en su gloria) firmó un pabellón en 2002 para la riojana Bodega López de Heredia. La finalidad de este pabellón era exponer con orgullo la caseta que la bodega familiar había llevado como stand a la Exposición Universal de 1910 para celebrar el 125º aniversario de la empresa familiar.

Más o menos los mismos años de historia tiene CVNE (Cooperativa Vinícola del Norte de España). Esta cooperativa que en 1890 apostó por Gustave Eiffel, decidió en 1998 que necesitaba una nueva bodega en Álava para la fabricación exclusiva de un vino también histórico, el Viña Real. El arquitecto francés Philippe Màziere no es mundialmente conocido, pero el mojón pormishuevista que diseñó para CVNE debería serlo. Una fantasía con forma de barril, inaugurada en 2004, hecha de madera de cedro rojo, costó 40 millones de euros. Incroyable.

Bodega Viña Real
Bodega Darien

Lo que tampoco es mundialmente conocido, pero debería serlo es lo que le pasó a Jesús Marino Pascual. Este arquitecto riojano vivió en primera persona los locos y borrachos años del boom inmobiliario. Su firma la encontramos en Bodegas Darien (2002) y Antión (2007) esta última ubicada en el mismo pueblo que la de Gehry, Elciego. Ambas presentan ejercicios volumétricos tan interesantes como innecesarios y fueron aclamadas por la prensa como auténticos hitos de vanguardia vinícola, aunque en realidad son dos intentos de pelotazo en un sector en frustrado: la burbuja inmobiliaria del enoturismo. A día de hoy ninguna de las dos bodega/hotel existe. Ambas fueron subastadas por internet en 2017 incluyendo maquinaria y mobiliario.

También de Jesús Marino Pascual es la Bodega Sommos (Huesca, 2008). Este hito del pormishuevismo presenta un lenguaje volumétrico muy parecido a las anteriores, aunque se diferencia de ellas en que sí es efectivamente una bodega y en que a día de hoy continúa abierta.

Bodega Sommos

Resume magníficamente la filosofía vinícola más pormishuevista.

Por último, en 2010 se inauguró el nuevo edificio de Bodegas Portia firmado por la estrella más brillante del hight-tech internacional, Sir Norman Foster. El arquitecto británico, aristócrata practicante y archienemigo oficial de Santiago Calatrava, decidió evidenciar su estelar condición y superioridad técnica diseñando un edificio con forma de estrella de tres puntas, cuya mayor superficie se encuentra enterrada bajo tierra. Qué sentido del humor más británico.

Bodegas Portia (@bodegasportia)

Seguro que no te sorprenderá que me despida de ti con una frase que utiliza la propia bodega como eslogan publicitario y que resume magníficamente la filosofía vinícola más pormishuevista. «No todas las estrellas, están en el cielo.»

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