CONTRA EL DISEÑO CENTRADO EN EL HUMANO

A través del diseño, el humano crea dispositivos que rediseñan al humano.

Anna Uddenberg, Disconnect (air plane mode), 2018. Courtesía: la artista; Kraupa-Tuskany Zeidler, Berlin 

Tradicionalmente, la práctica del diseño ha consistido en gestionar el contacto entre dos instancias de naturalezas fundamentalmente diferentes: el ser humano y el ambiente que lo rodea. Para hacer esto el diseño crea dispositivos. Es decir, crea ese “algo” que se encuentra «en medio» de ambas instancias, propiciando configuraciones —espaciales, temporales y corporales— que redefinen constantemente la experiencia humana. En pocas palabras, a través del diseño, el humano crea dispositivos que rediseñan al humano.

Ahora bien, hasta el momento el diseño ha gestionado este contacto “contra natura” buscando evitar la fricción entre ambas instancias. Por ello ha conformado una larga tradición antropocéntrica que se extiende desde los arquitectos del Egipto antiguo hasta los contemporáneos, pasando por Vitruvio, da Vinci, Neufert y Le Corbusier. Esta consiste esencialmente en el estudio de las proporciones humanas, a partir de las cuales se diseña y construye objetos y espacios supuestamente adaptados a las medidas, movimientos, capacidades y necesidades del cuerpo humano —“normal”—.

Anna Uddenberg, FOCUS #2 (pussy padding), 2018. Courtesía: la artista; Kraupa-Tuskany Zeidler, Berlin 

Además, esta tradición defiende valores como la comodidad y la satisfacción del humano, a la vez que se refugia tras lógicas racionales —y de mercado— como la eficiencia, la efectividad, la utilidad y el ahorro. Su adopción está ampliamente extendida, al punto que es rastreable en prácticamente todo lo que nos rodea: desde manifestaciones tangibles como objetos y edificios hasta nociones aparentemente neutrales como “ergonomía” o “diseño centrado en el humano” (Human-centered design).

La idea de qué y cómo es el ser humano para el que se diseña es altamente ideológica.

Sin embargo, la realidad es que la idea de qué y cómo es el ser humano para el que se diseña es altamente ideológica. Es decir, lo humano no es en lo absoluto una noción permanente. Y la concepción de su cuerpo, tal como ha sido tradicionalmente propuesta dentro de la práctica del diseño, es una figura hipotética presentada como norma: apenas un modelo en el que el diseño se basa.

Anna Uddenberg, Psychotropic Lounge (II), 2019. Courtesía: la artista; Kraupa-Tuskany Zeidler, Berlin 

Más aún, esta concepción del cuerpo humano no solo es pobre y confinante, tal como lo evidencian los diversos discursos y debates posthumanistas de las últimas décadas. Sino que además es desacertada, engañosa y peligrosa. Es decir, el humano no es simplemente humano. Su cuerpo está compuesto por innumerables otras especies, al punto que más del 60% de sus células no son realmente humanas. De hecho, desde un punto de vista orgánico ni siquiera es posible definir una línea clara entre lo que está afuera del cuerpo y lo que está en su interior. El cuerpo opera como una membrana porosa y permeable, la cual se transforma constantemente a través de innumerables contactos e interacciones, cada vez que comemos, respiramos, nos medicamos…

El humano no es simplemente humano. Más del 60% de sus células no son realmente humanas.

Por lo tanto, el problema del diseño centrado en el humano es que parte de un enfoque que separa al ser humano del ambiente que lo rodea, haciendo una vana distinción entre “lo humano” y «todo lo demás». Es un enfoque que diseña para una parte ínfima de la Tierra. Responde únicamente a las necesidades de los seres humanos, quienes constituimos apenas el 0.01% de la vida en el planeta. Mientras que relega a la categoría de “recurso” al 99.99% restante.

En consecuencia, lo que conocemos como diseño centrado en el humano se encuentra en el epicentro de la emergencia ambiental que vivimos, así como de prácticamente todas las crisis humanitarias contemporáneas. Se trata de un enfoque fundamentalmente miope que, lejos de beneficiar a la especie humana, inaugura el diseño sistemático de su extinción.

Anna Uddenberg, Privé (spoiler), 2019. Courtesía: la artista; Kraupa-Tuskany Zeidler, Berlin. 

BUCHANAN, R.: «Declaration by design: rhetoric, argument, and demonstration in design practice». En V. Margolin (ed.), Design discourse: history, theory, criticism (pp. 91-109). Chicago: The University of Chicago Press (1985)

COLOMINA, B. y WIGLEY, M.: Are we human? Notes on an archaeology of design. Zúrich: Lars Müller Publishers (2016)

HARAWAY, D.: «A Cyborg Manifesto: Science, Technology, and Socialist Feminism in the Late Twentieth Century». En Simians, Cyborgs and Women: The Reinvention of Nature (pp.149-181). Nueva York: Routledge (1991)

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