👁 27 lentillas y 6.000 pestañas* 👁

Dos historias recientes ponen a prueba el imaginario del exceso y del límite fisiológico de una mirada anciana y de un sistema operativo, respectivamente. Me refiero en concreto a un número inaudito de lentes de contacto halladas en un ojo y a una cantidad desorbitada de pestañas abiertas en un navegador.

17 de las 27 lentillas

En noviembre de 2016 una cirujana del Reino Unido encuentra 27 lentillas en el ojo de una mujer[1] de 67 años en el transcurso de una operación rutinaria de cataratas. El caso es detallado y fotografiado por la oftalmóloga Rupal Morjaria.

Perlas de gel y lentillas sobre portalentes, 2018-2021.

El extravío continuado de las lentes de contacto en el extrarradio del globo ocular puede suponer (…) un acto de resistencia ante la sobreestimulación visual.

El bajorrelieve azulado que sobresalía de los ojos se volvió amarillento y opaco al extraer primero 17 lentes de contacto desechables y luego otras 10. Esa especie de slime abandonado genera una nueva capa esclerótica conformada a la par por la mercadotecnia farmacéutica y por un desliz higiénico. El extravío continuado de las lentes de contacto en el extrarradio del globo ocular puede suponer una metabolización del exceso tecnocapitalista o bien un acto de resistencia —un escudo reseco DIY— ante la sobreestimulación visual. Lo que es innegable es que debió ocasionar una acumulación de bacterias por los años de uso —de ahí la sorpresa del equipo médico—. Aunque algunas reacciones jocosas en RRSS insinuaban que la anciana debía tener una visión en Full HD o 4K, tal estratificación tan solo permitiría ver una neblina, hecho que demuestra que el exceso no mejora la resolución, sino que dificulta el acto de ver. La anécdota activa la teoría de una conjuntivitis que no es conjuntiva sino conectiva[2], pues se junta la inflamación ocular con la hinchazón de la información de las TIC. La apertura semificcional del asunto evoca inevitablemente a la pieza de 2006 de Marina Núñez Multiplicidad[3], un vídeo de apenas 2 minutos en el que, tras cada parpadeo, van sumándose iris y pupilas que terminan por copar toda la córnea.

Bucle de parpadeo de la pieza Multiplicidad de Marina Núñez.

El exceso no mejora la resolución, sino que dificulta el acto de ver.

Siguiendo con la poética de la lentilla, Remedios Zafra cuenta su dependencia de estas prótesis en Ojos y capital:

En la sustitución de lentes de contacto por gafas recuerdo cada día que son cosa imprescindible. Que para mí es imposible que el ojo esté ya aireado como está la piel cuando me libero de la ropa. Sin lentes, el mundo aumenta su pixelado y de pronto me encuentro viviendo en una zona de nebulosa incompatible con la vida humana (despiertos). La tecnología de las lentes me permite regular la resolución entre mi cuerpo humano y las cosas materiales que me rodean…[4]

Perlas de gel y lentillas sobre espejo circular, 2018.

Las lentillas se asemejan a un espejo retorcido y táctil. En un proceso cuasicientífico que a su vez recuerda al emplatado de alta cocina, voy colocando una a una las finas lentillas con pinzas de depilar junto a perlas de gel sobre un resbaladizo espejo circular. Las esferas Orbeez son entendidas como pequeños globos oculares húmedos dentro de la estética satisfying. Paralelamente, hay que precisar que el líquido de lentillas es utilizado como activador del slime, el material satisfying por excelencia. En la inauguración de la exposición *PostFlick probé a introducir líquido de lentillas en un potente vapeador Vaporesso Revenger con toques de líquido de sabor lima-limón. La performance subrepticia paladeada por mí mismo produce un cortocircuito de una oralidad visual.

Prueba de montaje. Lentillas, perlas de gel, vapeador y líquido de lentillas sobre mármol, 2018

Las lentillas se asemejan a un espejo retorcido y táctil.

El segundo caso al que quiero referirme es el de un reto consistente en abrir 6000 pestañas en el navegador Google Chrome para colapsar el potente ordenador de sobremesa Mac Pro, a la venta por unos 50.000€. El experimento realizado por el youtuber Jonathan Morrison[5] termina tras 22 horas y 44 minutos de funcionamiento cuando una de las pestañas no contesta y se fuerza la salida del navegador. Sin embargo, el sistema de 1,5 Terabytes de memoria RAM se ralentiza, baja la resolución y se empiezan a mezclar pestañas entre sí a partir de las 5000, tal y como corrobora un vídeo similar[6]. Un hilo de twitter de la cuenta de Morrison mostraba capturas de pantalla del proceso del colapso yuxtapuestas a memes de personajes sudando la gota gorda.

El challenge pone a prueba los límites de internet y demuestra su finitud, pero también plantea una lucha innecesaria entre software y hardware, entre sistema operativo y navegador —entre mente y cuerpo—. Tal sobreconsumo desmedido cuestiona la asimetría de almacenamiento de la tecnología respecto al de su uso habitual y señala el desequilibrio entre las capacidades informáticas y la asimilación por parte de los biorritmos de lxs usuarixs. El reto concluye que el software es capaz de incendiarse o provocar un colapso corporal, como ocurre en nuestra experiencia psicosomática ante el maremágnum de actividades y pestañas multitasking. No obstante, hay que sospechar que el ejercicio del bloguero delata una publicidad encubierta y una contra-propaganda que sin duda a Apple le sale rentable.

El challenge pone a prueba los límites de internet y demuestra su finitud, pero también plantea una lucha innecesaria entre software y hardware, entre sistema operativo y navegador —entre mente y cuerpo—.

Las dos historias fuerzan la máquina de la tecnología y de la ciencia hasta hacerla gripar, una por descuido y otra por un desafío. Abrimos decenas de pestañas en ordenadores más modestos que apenas miramos, un acto ineficaz que es como tener 27 lentillas en un ojo, pero la cirugía de navegación puede solventarse con un clic. En ambas, la acumulación de elementos visuales impide paradójicamente un funcionamiento óptimo de la visión, ya sea en los 28 núcleos del Mac Pro o en las 27 lentillas de la paciente británica.

Referencias:

[*] Texto adaptado procedente de la tesis doctoral Tecnopatías post-alfabéticas: lectoescritura performativa y somatización de internet, Antonio Ferreira, Universidad Complutense de Madrid, 2021.

[1] Powell, Selina (2017, 14 de julio). UK surgeon finds 27 missing contact lenses in woman’s eye. En Optometry today. Recuperado el 2 de febrero de 2020 de https://www.aop.org.uk/ot/science-and-vision/research/2017/07/14/uk-surgeon-finds-27-missing-contact-lenses-in-womans-eye

[2] Franco Beradi —Bifo— desarrolla las características de los modelos de cognición conjuntivo —ligado a lo alfabético— y conectivo —ligado a lo digital— en el libro Fenomenología del fin: sensibilidad y mutación conectiva (Caja Negra, 2017, p. 17).

[3] Núñez, Marina (2006), Multiplicidad. Recuperado el 28 de abril de 2020 de http://www.marinanunez.net/2006-galeria-4/

[4] Zafra, Remedios (2015). Ojos y Capital. Bilbao: Consonni, p. 54.

[5] Morrison, Jonathan (2020, 10 de febrero). Mac Pro 1.5 TB RAM Upgrade vs Google Chrome. Recuperado el 25 de marzo de 2020 de https://youtu.be/ldDTgp5irKA 

[6] Link del vídeo How many Chrome tabs can you open with 2TB RAM? perteneciente al canal Linus Tech Tips: https://youtu.be/7iwgyzX-76g

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